Al menos tendré cosas que contar. Antes que nada daros las gracias a todos por vuestro ánimo. Embrujo me lo iba contando en cada llamada. Y lo que el me dejo en el comentario es una belleza, me emocione.
Me aprovechare del Internet de mi sobrino para ponerme al dia. Vaya! no gane el concurso de videos! que se le va a hacer! en el proximo vere que tal se me da. Poco a poco leere todos los Blogs que sigo, paciencia.
Aquí estamos, entre bayeta y suciedad. La casa me la encontré en muy buen estado, mejor del que esperaba, pero eso no quita para que lleve ya 5 bolsas de basura. Además arreglar el Jardín que parecía una selva. Restos de hojas y plantas cortadas desde el mes de Septiembre en medio del patio, repleto de insectos y bichos. Pintar la puerta, el techo del cuarto de baño. Hacer la compra del siglo, limpiar la nevera de productos caducados, limones secos y restos pringosos. Quitar el polvo de las alturas y las pelusas de las bajuras. Poco a Poco. Pero empecemos por el principio…

A las cinco de la mañana sonó el despertador. Me puse la cafetera porque sin café no soy nada. Comencé a bajar las cajas, las maletas y los paquetes de ropa. En último lugar el canario. Ya es el segundo gran viaje que se pega el pajarito.
Llegamos al puerto de los primeros, y mi coche se coloco en la segunda parrilla de salida, o más bien de entrada en el Ferry. Luna estaba desorientada. Mi pareja me decía cosas con su mirada. Pocas palabras para una despedida tan poco deseada. A las siete se embarcaban los coches, decidimos despedirnos ahí, nos abrazamos, nos besamos y le di las gracias por como me había cuidado. El me repite desde hace un mes que en Mayo yo volveré a su lado y el es brujo, y raramente se equivoca. Nos dijimos varios “Te Quiero” y no mire atrás.

Subí la escalerilla de la bodega hacia la cubierta “Neptuno”. Franqueando la entrada una azafata morena de ojos verdes. Le presento el pasaje y le digo:
-“Perdona, mira, aquí llevo una perrita pequeñita, de apenas unos meses que….”
_”No hay problema, si va en su trasportín puede viajar contigo, pero no la puedes sacar en todo el viaje….”
_”! Gracias! no sabes la angustia que tenia de que tuviera que viajar en cubierta , no lo soportaría, muchas gracias!”

Ella me sonrío y yo tenía ganas de llorar. Di una vuelta por la cubierta, me acerque a la cafetería y me senté en medio , podía escoger cualquier asiento, pues no había casi nadie, unos 12 pasajeros. Donde si que estaba lleno era la otra cubierta, que solo costaba 15 euros más barata que la que yo compre. Me alegro de haberla elegido esta opción.
El barco zarpo a su hora, las ocho. Los rayos del sol entraban por mi ventana, así que decidí poner el trasportín ahí. A Luna le encanta el Sol, así que le abrí la puerta con mucho cuidado y ni un movimiento, tan tranquila todo el viaje. Me sentí muy orgulloso de su comportamiento. De vez en cuando se acercaba sigilosamente a mi cara y me besaba, y volvía rápidamente a su lugar.

A las dos horas de viaje, parada en Ibiza. Pregunte a la azafata guapa si podía pasear el perro por la cubierta y me dijo que si. Y una vez más causando sensación. Congenio con los demás perros, grandes y pequeños, hizo sus necesidades y se asustaba de cualquier humano que osara tocarla. El resto del viaje hasta Denia exactamente igual, durmiendo y tomando el Sol.

A las 13:30 ya con el coche desembarcado, pare en el muelle a colocar el GPS. Primera prueba fallada, me daba calles en contrasentido, pero hice caso de las indicaciones a la autopista y salí sin problemas. Paramos en una zona de descanso a reponer fuerzas y llamar por teléfono. Ya nos echábamos de menos y aun quedaba
Bart, con su jaula tapada con una camiseta negra, empezaba a piar como diciendo, “estoy bien”. Luna correteaba y jugaba y yo solo quería abrazarla y darle mis mas efusivas felicitaciones por lo bien que se había portado. Y todo el viaje sin rechistar, acostada en su trasportín y en cada parada, hacia sus necesidades.

Todo el trayecto escuchando las noticias y los programas de la radio, necesitaba oír voces, no música, y entre el GPS y las emisoras de onda media, fui devorando kilómetros.
A las 23:10 llegue a casa, descargue todo el equipaje, salude a los vecinos, y aparque el coche en el patio.

Un rápido vistazo a todo, aparentemente la casa estaba bastante limpia. Hice la cama y llame a mi pareja. “He llegado bien, muy cansado pero bien, y tu? Como estas?”