Hoy por fin ha llovido, un aroma a tierra a impregnado las calles.
Me encanta la lluvia. Me gusta caminar y empaparme.
La ciudad toma unos tonos sepia de foto antigua. El sonido del tráfico se amortigua y aparecen miles de paraguas, como setas de colores, con la gente mirando al suelo.
Entre nube y nube se escapa un abrazo de Sol y los turistas lo miran con recelo.
Durara poco, las tormentas veraniegas tienen eso, y rápidamente el agua será absorbida por el calor y la tierra.

Esperare para dar el paseo a Luna, que sigue sin hacer nada de nada, y espera a llegar a casa para subirse al sofá y ponerlo pringado. Le he gritado, le he reñido y le azote en el culete, ya son tres días que lo hace. Me mira desde abajo del sillón y se a escondido en el armario de tela. Se ha tumbado sobre mi manta y no ha querido salir en todo el día.
Ha encontrado su refugio y allí esta a salvo del gigante gritón que le obliga a hacer eso que tan poco le cuesta realizar en “su” casa, en una calle sucia y repleta de gente.
Una gota tras otra
Un paseo sin final
Cubre de barro mis botas
Miro atrás mis huellas marcadas
Trazo rutas al pisar
Y se llenan de agua
Desaparecen sin más…..
